viernes, 30 de septiembre de 2011

EL CABALLO ACTOR


“El Caballo” defiende su trabajo en el Séptimo Arte. ARCHIVO
  • Sin reservas
Rojas es pilar de toda una época del cine nacional
CIUDAD DE MÉXICO.- Alberto Rojas “El Caballo” retoba a las primeras de cambio... sin duda es un cuaco duro de montar. “Yo fui producto del teatro; ¿no te digo?, los medios tienen poca memoria. Llegué al cine, no de ficheras, al cine mexicano; no sé porqué lo califican de ficheras; es un sentido peyorativo, hasta lépero y majadero, porque tendrían que darse cuenta de que ese cine dio mucho dinero y fue una verdadera época de oro”.

Así, sin más. Rojas -pilar de toda una época del cine nacional- subraya sin caer en la grosería; duro como es, agrega: “Y me indigna que lo califiquen, tan déspota y tan poco enterados, porque de ese cine habrá algo rescatable, entre otras cosas tu servidor”.
“Yo fui el último de mi generación que llegó al cine, yo soy el único de ellos (sus colegas) que ha dirigido”.

—¿Con la distancia que da el tiempo, cómo ubica esa etapa del cine mexicano?
—Pues como una etapa muy exitosa, en la que había estrenos en treinta y tantos cines al mismo tiempo. Cines de más de mil y pico de butacas con una constancia de producción que hacía al año... no sé, 130 ó 150 películas.

—¿Pero está de acuerdo que no era arte?
—A mí me gusta más mi arte que el de ellos. ¿Cuál es el cine más malo?, ¿cuál era el objetivo de ese cine?, divertir —no, lo logró con creces y ¿por qué no lo dicen?, y ¿por qué tienen que hacerle un apartado, de que en ese cine está inmiscuida la India María y los hermanos Almada, y hubo una etapa del cine en la que Margarita López Portillo pretendía hacer buen cine y la gente se dormía y no iba ni a verlos?

—Parece que en usted aplica el dicho “el caballo” no era arisco
—No, el caballo siempre fue arisco, a mí nadie me hizo así. Yo nunca culpo a nadie de cómo soy, y no me echo atrás de lo que digo.

—Se necesita valentía para decir lo que usted dice…
—No señor, pues tampoco es lucha libre, no, no, no. Yo no tengo valor más allá de lo que yo mismo me doy, y que me ha dado bendito sea Dios el público que se acuerda todavía de mí y la prensa.

—¿Cuál va a ser su mayor legado?
—Ahora mi nieto es mi legado. Mi historia ahí está. Yo soy el peor historiador de mi propia historia. Ya habrá quien se ocupe de mí. Ya pasé por aquí, ya dejé huella, estoy en la historia del Séptimo Arte de este país, pésele a quien le pese.

—¿Recuerda “El Caballo” cuál fue su personaje más memorable?
—Bueno, vamos a decir que en el cine y el teatro una obra que me marcó es Papito querido, la cual fue escrita exclusivamente, me la regaló Rodolfo Rodríguez. Fue una historia que me marcó porque fue algo muy bello como texto, como obra fue un éxito. Tres años en el teatro de las Vizcaínas; luego la llevamos al cine.

—¿De qué tamaño es su ego?
—Del tamaño que tú lo quieras calcular, el ego es como otras tantas cuestiones que no son visibles, tangibles y la egolatría puede llegar a enfermar. Los políticos tienen algo más grande que yo, su propio ego, pero ojalá y entendiéramos que la egolatría es estar orgulloso de lo que has hecho.

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