miércoles, 30 de noviembre de 2011

DE APACHES DE INDIOS Y DE CABALLOS

Este tenaz y valiente guerrero ,último gran jefe apache,  simboliza la resistencia india frente al avance del progreso americano. Durante mucho tiempo fue considerado como un simple salvaje sanguinario, idealizado después como una especie de profeta indio. Era obstinado y práctico, despiadado con sus enemigos y amable y leal con sus amigos. El amor que sentía por su tierra montañosa fue una constante en su vida, junto con su profunda religiosidad, No consiguió frenar la inexorable conquista de un país donde los indígenas ya no volverían a tener su lugar. Con Gerónimo desapareció toda esperanza de cohabitar con «el hombre blanco».
Este gran guerrero apache llamado Goyakla (en lengua apache, "el que bosteza") , nació el 16 de junio de 1823 (otros dicen 1929) y falleció el 17 de febrero de 1909 en Fort Hill, Oklahoma. Siempre tuvo  una curiosidad intelectual muy enérgica y un pensamiento muy original. Era obstinado y práctico, despiadado con sus enemigos y amable y leal con sus amigos. El amor que sentía por su tierra montañosa fue una constante en su vida, junto con su profunda religiosidad, y cuando hacía una promesa, juramento y ceremonia incluidos, que para los blancos eran detalles poéticos, él mantenía su palabra.
Gerónimo pertenecía a la tribu de los chiricahuas, una de las siete grandes tribus del pueblo apache. Como todos los suyos, llevaba una vida dividida entre la caza y las batidas realizadas contra los colonos y los mexicanos para hacerse de armas, alcohol y caballos.
A los 14 años pasó  por los ritos de iniciación, mediante el cual los jóvenes  se convertían en "el que va a capturar un caballo". Pasados los ritos de purificación, abandonaban el poblado antes de que el sol calentara la pradera. Las manadas estaban lejos, caminaban días sin parar y sólo bebían agua en el río. Cuando divisaban la manada, escogían un potro y se acercaban. Entonces los caballos echaban a correr en estampida.
Pero tras varios intentos alguno se apartar de la manada, y ya solitario, sigue huyendo algún tiempo, pero la resistencia del caballo sin comer ni dormir es menor que la del ser humano. Al tercer día, hambriento, el indio consigue que coma de su mano, se deje acariciar, y salta varias veces por encima de su lomo, de un lado a otro, sin montarlo. Así consigue que el caballo lo acepte como jinete. Cuando se inició su padre falleció.
Mas tarde  en el verano de 1858, un día en que los guerreros estaban fuera del campamento, los mejicanos exterminaron a mujeres y niños. Gerónimo perdió allí a su mujer y sus hijos. Con una gran necesidad de venganza, este joven no cesó de perseguir a los mexicanos que habían asesinado a su familia en el verano de 1858. Desde ese trágico hecho, multiplicó las incursiones y los saqueos, el más conocido de los cuales ocurrió el día de San Jerónimo, en 1859, cuando atacó el pueblito de Arizpe y dio muerte a muchos de sus habitantes. Aterrados por la crueldad de los apaches, los pocos sobrevivientes de esta terrible vendetta rebautizaron al jefe de la banda con el apodo de Gerónimo.
Cuando  llegó a su fin, en 1865, los norteamericanos volvieron a pensar en conquistar los territorios indios, más codiciados aún desde que se descubrieran yacimientos de oro en Arizona. Al mando de su jefe Cochise, los chiricahuas se oponían a la ineluctable penetración de los blancos y fue allí que Jerónimo se distinguió como un gran guerrero.
La crueldad y la mala predisposición de los soldados hizo que maltrataran inútilmente a los indios, por ejemplo,  Mangas Coloradas, jefe reconocido por todos los apaches, fue al encuentro de los blancos en son de paz, y no sólo lo atacaron, sino que lo ataron, azotaron y asesinaron cuando supuestamente trataba de escapar (1863).
El sentido del honor y el orgullo se alzó en Cochise y Gerónimo, y ya no negociaron más.  Gerónimo estuvo íntimamente ligado a Cochise y luego a sus hijos Taza y Naiche, a quien él siempre respetó.En realidad, los apaches eran profundamente religiosos y respetaban la vida; muchas veces los prisioneros sirvieron como moneda de cambio o fueron integrados a su grupo.
Escapando siempre de sus perseguidores, se forjó la reputación saqueador que atacaba convoyes de mineros y acosaba sin descanso a las tropas lanzadas en su búsqueda. Sin embargo, en 1854 se resignó a irse a San Carlos, donde no permanecería mas de un año; huyó de allí en mayo de 1885 para refugiarse en México, donde Crook no podía perseguirlo.
Cochise resistió al ejército americano, pero en 1872 tuvo que inclinarse ante el general George Crook (imagen derecha) y aceptó retirarse a la reserva de San Carlos con su pueblo. Gerónimo, en cambio, rechazó las deplorables condiciones de vida que le proponían en el lugar que los chincahuas bautizaron como “los cuarenta acres del infierno”, y siguió luchando junto con algunos guerreros en White Mountains.
En Tucson, la capital de Arizona, la conmoción era intensa porque la fama de Gerónimo era bien conocida y nadie quería anduviese libre. Entonces se impartió orden de encontrar como fuese al fugitivo o muerto. Miles de soldados emprendieron una búsqueda despiadada, dejando sin esperanza a las pocas decenas de guerreros agrupadas en torno a Jerónimo.
Entre 1877 y 1886 la frontera entre los EE.UU. y Méjico fue asolada por dos pequeñas bandas de indios apaches, liderados por los jefes Victorio y Gerónimo, que mantuvieron en jaque a las tropas federales durante casi 10 años, hasta que fueron diezmados y el 26 de marzo de 1886, éste aceptó rendirse ante el general Crook. Washington decide que algo hay que hacer con esos indios hostiles, y les ofrece un lugar, una reserva y medios de subsistencia. (imagen izq. Cochise)
Pero esa no era vida para los indios acostumbrados al aire libre de la sierra y Gerónimo nuevamente y por última vez escapó con 24 compañeros, por lo que el gobierno destituye a Crook y envía al Coronel Miles con cinco mil soldados, miles de milicianos y cientos de rastreadores que se lanzaron a su búsqueda durante cinco meses , hasta que el 4 de septiembre de 1886 Gerónimo se rinde, 16 guerreros, 14 mujeres y 6 niños se rindieron al general Nelson Miles. Se habían necesitado 5.000 hombres para su captura, 6 generales y una red de puestos para transmitir los mensajes y falsas promesas.
El teniente Gatewood, un hombre íntegro que conocía la lengua apache, consiguió hacer abandonar la senda de la guerra a Gerónimo. Gerónimo quería regresar y tener una tierra para él y su tribu. Miles tenía orden de llevarlos a Florida. El tratado lo sellaron con una piedra. Duraría hasta que la piedra se hiciera polvo. Gatewood ni tuvo suerte y el gobierno no aceptó el pacto y los indios se encaminaron a mas de 25 años de cautiverio, alejados de su tierra natal. Se deportó a todos los apaches a Florida, donde fueron diezmados por la fiebre. Los subieron al tren, viajaron hacinados, no soportaban el hedor, ni el ruido, y empezaron los primeros brotes de tuberculosis. La mortalidad era exagerada, 5 de cada 6.
Solo en 1894 el gobierno aceptó que se instalaran bajo estricto control en Fort Hill, pero Gerónimo ya era un hombre anciano y sosegado.
El recuerdo de la matanza de los soldados de Custer en Little Big Hom aún estaba en la memoria; los nombres de Toro Sentado (imagen arriba),  Caballo Loco, Nube Roja o Cochise seguían aterrando, y más aún el de Jerónimo, que representaba la cruel resistencia de los indios a los avances de la conquista del Oeste. Esta vez el gobierno estaba resuelto a actuar con prudencia para evitar a toda costa la reanudación de la guerra contra los indígenas.
Antes de convertir a Jerónimo en el mártir de todo un pueblo, era preferible ganarse los favores de un viejo sabio. Sabiendo que desde entonces toda lucha sería en vano, el jefe indio aceptó de buena gana. Invitado a la Exposición Internacional de Saint Louis, y luego a Washington, en 1901, con ocasión de los festejos para celebrar la elección del presidente Theodore Roosevelt, desfiló a la cabeza del cortejo de indígenas. El anciano apache posó para los fotógrafos y a un periodista le dictó sus memorias, que se publicarían en 1906 con el titulo Historia de la vida de Jerónimo.
Durante los años de Fort Hill, Gerónimo se convirtió en un bien comercial, un objeto de exposición para asegurarse el éxito de cualquier celebración. Era cortés, dueño de sí mismo, alerta y amable, y observaba y aprendía con fresca curiosidad y mente despierta. Pedía siempre el regreso a su patria natal. Era un hombre de una pieza, una personalidad sin fisuras a pesar de haber perdido a toda su familia, hijos, nietos, mujer...
En la vejez, la más persistente de las contaminaciones traídas por los blancos, el alcohol, lo llevaría a la muerte. El 15 de febrero de 1909 lo hallaron en el agua, borracho. Cogió una pulmonía. Su fuerte espíritu luchó contra la muerte y en la noche del 17 de febrero se rindió.

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