miércoles, 15 de febrero de 2012

EQUINOTERAPIA

Los animales en general suelen aportar mucho más a las personas que la simple utilidad que puedan tener.
En el caso de los caballos, además de su compañía, se han realizado estudios por veterinarios y científicos para desarrollar una terapia que ayude a sanar al ser humano, tanto física como mentalmente. Una de estas terapias es la llamada equinoterapia o hipoterapia.
En ella es básico el movimiento del caballo, su andar, pero también su expresión y forma de comportarse.
Con la equinoterapia se han conseguido muy buenos resultados al tratar a niños con problemas psicológicos o personas con dificultad para desarrollar ciertos movimientos.
La equinoterapia no consiste en enseñar al enfermo a montar a caballo. Se basa en la colocación del paciente de forma adecuada a cada caso particular, de manera que el movimiento estimule su cuerpo y así facilitar la rehabilitación.
Los primeros en darse cuenta de los efectos terapéuticos del caballo fueron los griegos, ya que la equitación en la época era un deporte muy apreciado, que además tonificaba el cuerpo y ayudaba a mejorar el estado de ánimo.
Más tarde, diversos estudios dieron como resultado que montar a caballo resultaba beneficioso ya que mejoraba los movimientos y el equilibrio de quienes lo practicaban. Por eso, muchos científicos utilizaron esta medicina natural para combatir trastornos motrices, psicológicos e incluso neurológicos.
El mayor auge de esta terapia se dio en los años 60 en Alemania, donde se ha demostrado con hechos que la terapia con caballos tiene efectividad en el tratamiento de muchas enfermedades.
La equinoterapia consiste en la integración del caballo y la persona en un solo ser. La relación que existe entre el movimiento del animal y la respuesta de la persona enferma es la base de esta medicina natural.
En personas con dificultades motrices, el trote del caballo es esencial ya que produce sensaciones muy similares a las que sentimos los humanos al caminar, por lo que el enfermo vuelve a familiarizarse con este movimiento.
Precisamente el trote del caballo tiene varias modalidades, dependiendo de la fuerza o velocidad que le del animal, por tanto, las respuestas que producen en las personas son muy variadas y agilizan su recuperación.
Los movimientos del andar equino producen vibraciones que a su vez se transmiten por la médula, con una frecuencia aproximada de 180 oscilaciones por minuto. Por tanto, el cerebro recibe la misma información que si caminara. Por ello, es fundamental cabalgar sin montura, para que el contacto con el animal sea total y la persona reciba el calor que desprende el caballo, así como el movimiento en las piernas y pelvis. El caballo es el único animal que produce este estímulo neurológico.
Para los familiares de las personas enfermas, la equinoterapia también puede serle muy útil para mantener el ánimo arriba.
La otra aplicación más común, además de mejorar los movimientos motrices y equilibrio, radica en personas con problemas de comunicación o comportamiento, sobre todo en niños y jóvenes.

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