Los indios tienen una especial preferencia por el Este, por donde, cada mañana, sale el Sol, para ellos la fuente de toda vida. Los tipis se montan en esta dirección y las oraciones se hacían (¿hacen?) mirando al gran astro naciente. En cambio, para los americanos, si hay alguna dirección por la que rezar, es el Oeste. Es el sueño, la aventura, el más allá, aquello que el individuo puede llegar a ser si se comporta siguiendo los valores establecidos. California, el estado más al oeste, es donde llegaron los que buscaban una vida mejor y, actualmente, es el estado más rico de la Unión. Durante el recorrido hablaremos del sueño americano y de las contradicciones de nuestra civilización.
geografía - escenario
UTAH (136.689 km2, 2.121.000 habitantes en 1999) es el que se encuentra más al sur de los cuatro. Su capital, Salt Lake City, lleva el nombre del lago salado al lado del cual fue fundada. Dejando a parte los escándalos olímpicos, esta ciudad y el resto del estado, son conocidos, sobretodo, por ser “la capital” de los mormones. En muchas películas los hemos visto representados con sus carretas, colonizando pacíficamente el oeste, pero, eso sí, siempre con más de una esposa. Los mormones aceptaron la poligamia hasta este mismo siglo (ahora es ilegal). No se les considera cristianos y uno de los pilares de su fe es que todo mormón debe predicar durante un tiempo de su vida, para colaborar en la expansión de su religión. Antes de la llegada de los mormones, este era un territorio ocupado por muy pocas tribus, entre ellas los Utas (significa “la gente de la montaña”) que dieron nombre al estado y los Paiutes. Eran tierras desoladas, donde la supervivencia reclamaba una gran adaptación al medio (como en el caso de los indios), o una gran fe y una inmensa capacidad de esfuerzo y trabajo (como en el caso de los mormones). Wovoka era un Paiute, seguramente el más conocido en la actualidad. Se trataba de un “hombre medicina” que, a finales del siglo pasado, cuando las tribus ya habían sido diezmadas por las enfermedades o la caballería, tuvo la visión de una danza ceremonial que permitiría regresar a los espíritus y recuperar la felicidad anterior a la llegada de los blancos. Esta ceremonia fue la llamada “Danza de los Espíritus”, que se extendió por todo el oeste americano, y que tuvo como trágica consecuencia la masacre de Wounded Knee, en 1890.

WYOMING (158.000 km2, 454.000 habitantes en 1990) es el estado al este de Idaho, y al noreste de Utah. Sus habitantes dicen que los auténticos cowboys son los originarios de este estado, hecho que sus vecinos niegan rotundamente. Wyoming tiene una orografía muy variada. Al oeste, las Rocosas, con los parques nacionales de Yellowstone y el Grand Teton. En el centro, las Big Horn Mountains, sagradas para los Crow y otras tribus, y donde se encuentran los restos arqueológicos de Medicine Wheel (lugar de oración preferido por el gran jefe de los Crow, Planty Coups). El resto es una llanura donde las carreteras son rectas infinitas y los pueblos escasos, ya que es el estado con la densidad de población más baja de todos los Estados Unidos. La capital del estado, Cheyenne, es la sede del más famoso de los rodeos. Todo lo que significa ganadería, tiene relación con Wyoming, las vacas y los caballos encuentran aquí su territorio. En este estado los ganaderos opusieron una gran resistencia a los agricultores que llegaban del este, a finales del siglo XIX, cuando los indios habían dejado ya de ser una amenaza. La guerra del condado de Johnson es el punto álgido del conflicto entre dos economías, la ganadera y la agrícola. De los indios, ha quedado muy poco. La mayor parte del territorio pertenecía a los Lakota, según el gran tratado de Fort Laramie de 1868. Después de ser vencidos y rotos los tratados, los Lakota fueron enviados a Dakota del Norte y Dakota del Sur, y Wyoming quedo vacío para los grandes terratenientes de los ranchos. En las Rocosas, tienen su reserva los Shoshone y Arapahoe (Wind River Reservation). En la actualidad, Wyoming vive de la ganadería y del turismo que generan Yellowstone y el Grand Teton, además de la caza en las Big Horn Mountains.
MONTANA (237.000 km2, 880.000 habitantes en 1998), situado al norte de Wyoming e Idaho, es el más grande de estos cuatro estados. Podemos dividir el estado en dos grandes zonas, una de relativamente llana, atravesada por el Missouri. La otra, al oeste del estado, está dominada por las Rocosas, donde se encuentra el Parque Nacional del Grand Glacier. Montana tiene frontera con Canadá. Gran parte de su economía es similar a la de Wyoming, pero hay una importante diferencia entre los dos: el número de reservas (Crow, Cheyenne, Assinoboine, Cree… son algunos de los nombres de las tribus) que tienen su territorio dentro de los límites de este estado. Por otra parte, además de beneficiarse de la proximidad de yellowstone en el interior de las fronteras de Montana en la reserva Crow, al sudeste del estado, se encuentra otro gran punto de atracción para el turismo: el lugar donde se produjo la batalla entre el séptimo de caballería y los Lakota, Cheyenne y Arapahoe.
Desde un punto de vista físico, toda esta región queda marcada por dos elementos: las Rocosas y el Missouri. Las Rocosas son la versión norteamericana de los Andes, es decir, fruto del choque de las placas tectónicas del Pacífico y del continente americano. Van de norte a sur, pero de manera escalonada, que las hace más fácil de cruzar que los Andes. El Missouri nace al pie de las Rocosas (en Three Forks, Montana), como la mayoría de los ríos que desembocan en el. Estos numerosos ríos son los causantes de las grandes llanuras de los estados (que ya hemos mencionado), y, durante siglos, fueron las principales vías de comunicación y de comercio entre las tribus que habitaban la zona.
El clima es, en las llanuras, esencialmente continental: seco la mayor parte del año, con calor en verano y frío en invierno (se llega fácilmente a los 40ºC en verano y a los -40ºC en invierno). Estos extremos quedan moderados en las montañas, gracias a que muchas zonas quedan protegidas de los vientos polares en invierno. Llueve mucho más en la vertiente oeste de las Rocosas (la que desciende hasta los valles de Oregón y el Pacífico) que en la vertiente este. A pesar de ello, no se puede decir que hay escasez de agua al este de las Rocosas, los grandes ríos son la prueba más evidente.
HISTORIA
1) Las primeras tribus: Medecine Wheel
No se sabe con exactitud a partir de que momento (se fecha en unos 35000 años A.C.), pero es aceptado, por la mayoría de la comunidad científica, que la población del continente americano tiene su origen en distintas migraciones a través del estrecho de Bering, durante los periodos glaciares. Los mitos de las diversas tribus niegan este hecho, y tienden a situar su origen en algún lugar más o menos cercano al que viven.

En la zona que nos ocupa (centro del subcontinente norteamericano) se instalaron diversos grupos. Las dificultades de supervivencia en un medio no demasiado generoso motivaron densidades de población muy bajas, y la tendencia al nomadismo. Había que recorrer grandes distancias para poder conseguir todo lo que permitía la supervivencia. Esto es especialmente cierto en las zonas de pradera y de alta montaña. La abundancia de caza (en el centro del continente vivían alrededor de una centena de millones de bisontes, además de muchos otros animales) no suponía que fuera sencillo conseguirla, y la agricultura era difícil en un clima seco en verano y muy frío en invierno. A pesar de todos los impedimentos, diversos grupos humanos vivieron en esta región durante miles de años, con unos sistemas sociales y culturales totalmente adaptados al medio. Se sabe muy poco de estas sociedades, debido a que su nomadismo hace difícil su estudio, por la escasez de restos materiales. Ahora bien, hay excepciones como la de Medecine Wheel, en las Big Horn Mountains (Wyoming), que demuestran la existencia de un sistema de creencias desarrollado, con importantes vínculos con el de las tribus que posteriormente ocuparon estos territorios (Lakota, Cheyenne, Crow, etc).
Dos elementos rompieron este modelo de vida. El primero es el descubrimiento del arco y las flechas. En este medio, permitió un gran desarrollo de la caza, y por lo tanto, del acceso a la comida. Hasta ese momento, la caza del bisonte se realizaba en equipo, conduciendo las manadas hacia los acantilados en los que se precipitaban al vacío. Esta técnica era muy compleja y arriesgada, y, solamente, se podía poner en práctica en lugares muy concretos y en determinados momentos. Con el arco y las flechas, aunque el riesgo seguía siendo elevado, aparece la opción de poder matar al bisonte en otras circunstancias. En segundo lugar, aparece el caballo. En general, se cree que este tiene su origen en los que los españoles llevaron al continente. Algunos huyeron, llegaron a manos de los indios, y estos, muy pronto, se convirtieron en maestros en el arte de montar a caballo. Se ha comentado que ellos y los guerreros de las estepas asiáticas han sido los mejores jinetes de toda la historia. Dejando a un lado este hecho, muchos indios sostienen que el caballo ya se encontraba allí, antes de la llegada de los primeros blancos al nuevo continente. Además de las correspondientes leyendas, se han realizado excavaciones que han encontrado restos de animales muy cercanos a los caballos, con fecha anterior al 1492. Evidentemente, el caballo supuso un nivel de movilidad, que permitía por una parte seguir a las manadas de bisontes, y por otra, facilitó el comercio a larga distancia.
Durante el siglo XVII, la pradera (desde el Missouri hasta las Rocosas) empieza a atraer a diversas tribus, que con el arco y el caballo ven la posibilidad de cazar las grandes manadas de bisontes, que en aquellos momentos reinaban en aquella región del continente. Desde el punto de vista antropológico, lo que es importante es que este movimiento rompe con los esquemas tradicionales de evolución cultural, tal y como eran entendidos a principios de siglo. Diversas sociedades renunciaron a la agricultura en las orillas de los ríos o en los bosques (considerado un estado evolutivo más avanzado), para convertirse en cazadores recolectores (anterior al neolítico). Los grupos humanos, según la tecnología de la que disponen y las circunstancias en las que se encuentran, escogen un camino u otro, en función de la eficacia (supervivencia y bienestar), y no en relación con un concepto teórico de progreso, como es una línea evolutiva ascendente.

2) La llegada del hombre blanco
Muy probablemente, los primeros blancos (europeos o descendientes de europeos) que aparecieron por estos territorios eran españoles o trabajaban para ellos. Seguidamente, aparecieron los franceses, y más tarde ingleses, e incluso, rusos (desde Alaska). Es durante el siglo XVIII que se realizaron las primeras expediciones (siempre con un trasfondo comercial) y el establecimiento de las primeras bases. El camino que se seguía era, en general, el curso de los ríos, especialmente el Missouri en el caso de los franceses. Las razones que motivaron estas arriesgadas operaciones eran muy diversas. En primer lugar, para acceder directamente a los lugares de caza, la piel de los animales tenía mucho valor en la costa este y en Europa. Estas pieles ya les llegaban, gracias a otras tribus que hacían de intermediarias, siguiendo los esquemas comerciales que había entre ellas. En segundo lugar, había en esa zona un mercado para productos como armas de fuego, cuchillos, mantas, y muchos otros productos manufacturados, entre las tribus del centro del continente. Tercero, a pesar de que mitos de posibles “Eldorados” habían desaparecido, existía el deseo de conocer el potencial real de aquellos inmensos territorios que todos reclamaban como propios. En cuarto lugar, y relacionado con el anterior, había una desconfianza respecto a lo que estaban haciendo los demás. Por ejemplo, muchas de las primeras expediciones españolas se iniciaron para verificar que nadie traspasaba sus “fronteras” (que a duras penas sabían donde estaban) y que no pagaban el correspondiente tributo. Finalmente, se deseaba encontrar otras rutas que permitieran un mejor contacto entre las distintas partes del continente, ganar tiempo en el transporte y por lo tanto, facilitar el comercio. Debemos mencionar que, a pesar de sentirse poseedores de todos estos territorios, las primeras incursiones tenían una base comercial, más que colonial. Además, aquellos que físicamente las realizaban, solían ser personajes más cercanos a los mercenarios que a los soldados luchando por la expansión del correspondiente imperio. En este sentido, es muy frecuente encontrar españoles trabajando para los ingleses, franceses para los españoles, y tantas combinaciones como se desee. En todo caso, excepto casos muy aislados (sin documentación precisa), se puede decir que no se llega a la zona de los actuales estados entre el Missouri y las Rocosas hasta los primeros años del siglo XIX, cuando se empiezan a explorar sistemáticamente estos territorios.

El presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson, era un ferviente partidario de la expansión de su país hacia el oeste. Por este motivo, pidió al Congreso, el 18 de Enero de 1803, fondos para realizar una expedición que tenía que explorar los territorios bajo la teórica dominación francesa o española, del oeste del Mississipi hasta el Pacífico. En su discurso, Jefferson subrayó las importantes ganancias económicas que les podría aportar la expedición. El Congreso estuvo de acuerdo y donó los fondos para llevar a cabo el proyecto. Jefferson encargó la misión a su secretario personal, el capitán Meriwether Lewis, que fue enviado a Filadelfia para aprender historia natural. Mientras tanto, en primavera, Jefferson compraba Louisiana a la Francia de Napoleón. Este territorio comprendía la desembocadura del Mississippi (Nueva Orleans) y la Cuenca del Missouri, hasta las Rocosas. Lewis pidió que la misión tuviera un co-capitán: William Clark, que había sido su superior en el pasado. El 14 de Mayo de 1804 la expedición salió de Wood River, cerca de Saint Louis. Fueron subiendo el Missouri, encontrando ocasionalmente algún trampero, y pagando tributos a las tribus que vivían a orillas del río, para que les dejaran pasar sin problemas. Muy pronto vieron las grandes manadas de bisontes, además de numerosos antílopes, ciervos y mucha y variada fauna. Cazaban para comer y de esta forma siguieron su camino hasta el mes de Noviembre. El frío les obligó a parar y construir un pequeño fuerte para pasar el invierno, en el actual estado de Dakota del Norte. Un trampero francés apareció por los alrededores, y se les unió como intérprete. Este hombre tenía una esposa india (Shoshone), que tuvo un papel fundamental pactando con las diversas tribus, gracias a su conocimiento de los distintos idiomas de la zona. Su nombre era Sacagawea. [Es muy curiosa esta figura femenina que, como muchos mitos americanos (empezando por Pocahontas), aparece muy a menudo ayudando a las expediciones europeas, traicionando a los suyos, supuestamente, para vengarse de los excesos de los “salvajes” que la maltratan]. Al llegar la primavera, la expedición siguió subiendo el Missouri, hasta que en el mes de Mayo, vieron por primera vez las Rocosas. Las cruzaron siguiendo el Lolo Pass, un camino que conocían los Nez Perce, quienes les ayudaron en aquel trance. Desde allá, ya en la otra vertiente de las Rocosas (en el actual estado de Idaho), siguieron los ríos hasta el Pacífico. Pasando el invierno en aquellas tierras lluviosas, tomaron el camino de vuelta, regresando al punto de salida en el mes de Septiembre de 1806. Lewis y Clark habían atravesado el continente por primera vez (al menos de forma documentada), y volvieron con una gran cantidad de información geográfica, mapas (que con el tiempo se ha observado que eran un poco exagerados en las distancias), contactos con las principales tribus, y una recopilación de todas las “riquezas” que habían podido localizar a lo largo de su camino. Se considera que esta expedición es la entrada oficial de los Estados Unidos en la lucha entre los imperios por conseguir el continente.
3) La época del comercio
Debemos hacer un mención especial de los tramperos. Se trata de hombres que, trabajando por cuenta propia o para grandes compañías, se adentraban en territorios “hostiles” para cazar y sobretodo, comerciar con las diversas tribus indias. Ellos son los que de una manera anónima abren paso a las futuras expediciones, como la que hemos explicado anteriormente. En este mismo caso, Lewis y Clark encuentran en su camino, numerosos personajes de las más diversas nacionalidades, y es uno de ellos quien les guía gran parte del trayecto. Hay numerosos mitos y estereotipos respecto a estas personas. En primer lugar, se les toma por gente solitaria, pero lo cierto, es que raramente trabajaban solos, y muy a menudo salían en grupos organizados. Tenían importantes relaciones con grandes compañías (que les proveían o distribuían aquello que llevaban de vuelta de sus viajes) y con las tribus de las zonas en las que trabajaban. Frecuentemente se casaban con mujeres indias (hijas de jefes de tribu, origen de muchos apellidos franceses entre los indios de la región), y ello les permitía una convivencia con los indígenas. En segundo lugar, se les suele describir como estafadores sin escrúpulos, que vendían principalmente armas anticuadas y “agua de fuego” (alcohol) a los pobres “salvajes”. Nada más lejos de la realidad. Debe tenerse en cuenta que las tribus controlaban militarmente la zona. Si alguien les vendía un objeto de mala calidad, corría el riesgo de sufrir represalias. Además, había un comercio intertribal intenso, que hacía correr la voz sobre aquellos comerciantes que traían mal género. Los fusiles que vendían eran principalmente utilizados para la caza, y los indios solamente compraban aquello que les servía para garantizar su alimentación y supervivencia. Otros elementos con los que se comerciaba eran los “beads” (cuentas de cristal de colores, utilizados como ornamentos), que llegaban desde Venecia. Mayoritariamente, los indios compraban productos manufacturados a cambio de pieles de animales que ellos habían cazado.

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