lunes, 23 de julio de 2012

CABALLOS


En los últimos años, algunos agricultores están haciendo revivir el arte del manejo del ganado para labrar, acarrear y otros trabajos para que los aportan ventajas respecto a los tractores y otras máquinas a motor.
Es legítimo utilizar la fuerza de los animales para trabajar en lugar de recurrir a la maquinaria? Es pertinente? Es aceptable? No se trata de una “explotación” del animal a nuestro servicio, socialmente inaceptable, el ganado esclavo de alguna manera?
Si hacemos una aproximación cuidadosa al tema, podremos observar que la relación entre el hombre o la mujer y el animal de trabajo sólo se puede concebir en función de elementos culturales. No se trata sobre todo de una cuestión económica, o no únicamente. Tampoco se trata sólo de una cuestión de energía renovable. En el pasado reciente, el uso de los animales – caballos, burros, mulas y bovinos según las regiones, las costumbres y los trabajos – ha estado siempre ligado a la organización social. No lo podemos obviar. Es una realidad tanto del presente como del futuro. Observo a menudo, entre las personas que realizan prácticas con nosotros una identificación muy fuerte de la persona con el animal; me explico: si les digo que una yegua no tiene una dificultad particular para realizar un trabajo importante hasta el final de la gestación, veo a continuación una fuerte empatía, sobre todo entre las mujeres, que no están lejos de considerar, en algunos casos, que maltrato la yegua. Contrariamente, su entrenamiento regular al trabajo, sin llevar a condiciones intensivas extremas, es más bien un factor que favorece un buen parto.
A menudo sentimos que el caballo de trabajo puede reencontrar un lugar, modesto pero apropiado, en algunos contextos o nichos. Un ejemplo es, desde hace algunos años, el uso del caballo en la ciudad: recogida de residuos, riego de flores, transporte escolar, líneas de ómnibus turístico, tiro con motivo de una fiesta o por el padre Navidad. .. También se está utilizando en el trabajo en el bosque a raíz de la imposición de algunas normativas: deforestación en zonas sensibles o frágiles, bosques periurbanos y parques públicos, retirada específica de árboles peligrosos, gestión sostenible del bosque limitando el impacto sobre el suelo forestal …
En el sector agrícola, el caballo de trabajo puede encontrar su lugar en horticultura, particularmente la ecológica, la viticultura en laderas o en situaciones difícilmente mecanizables. En el sector del ocio, el tiro permite utilizar los caballos para vacaciones itinerantes en caravana o como una atracción suplementaria para las vacaciones o los fines de semana en un alojamiento rural, añadiendo un atractivo

Ventajas del trabajo con fuerza animal
La cuestión energética nos permite tener otro enfoque y tener otras perspectivas. Estudios aún embrionarios y sin financiación empiezan a reconocer el interés de esta energía animal, duradera y renovable, dos adjetivos indispensables en cualquier demanda de subvención y para todo discurso político sobre el tema. También podemos avanzar algunos argumentos suplementarios:
- El animal es susceptible de asegurar por sí mismo su reposición, lo que no podrá hacer nunca una máquina (si no es que las nanotecnologías …)
- En muchos casos, se puede alimentar al mismo puesto de trabajo, utilizando un recurso local y económico (heno y cereales, hierba).
- Es más eficiente que un tractor en términos de tracción: para un mismo esfuerzo de tracción el tractor tiene un rendimiento energético menor. Además, si ambos consumen una producción vegetal – aceite de colza o de girasol para el tractor, forrajes y cereales para el caballo o el toro – el tractor consume más, siempre para un esfuerzo de tracción igual.
- El hecho de tener en cuenta criterios agronómicos es también un signo de esperanza para sacar al caballo de los contextos o nichos donde a menudo es confinado. Propietarios y grandes explotaciones, especialmente en la viticultura, empiezan a darse cuenta del valor de tener un buen suelo y hacer retroceder el desyerbe con productos químicos sistémicos. En este sentido, el trabajo de la tierra vuelve a ganar importancia y es aquí donde la tracción animal puede tener un papel clave, ya que las plantaciones de viñedos están hechas de hace 40 años o más y la distancia entre hileras y la pendiente de la finca son elementos que imponen una determinada manera de trabajar el suelo, donde no siempre tiene cabida la maquinaria. Estas circunstancias, que son más evidentes en algunas Denominaciones de Origen, obligan a concebir material nuevo ya reencontrar y / o mejorar el material antiguo residual utilizado en tracción animal. Así pues, aquí hay un campo potencial de trabajos de innovación para poner a punto ya disposición de los profesionales un material con buenas prestaciones.
- Se han realizado diversos estudios sobre la compactación del suelo forestal y suelos agrícolas. Los impactos de los animales y de la maquinaria no son idénticos. Bajo el pie del animal, de manera localizada, la presión puede ser más fuerte, pero la incidencia sobre las capas profundas parece menos importante, y no hay problemas de patinaje en la tracción, particularmente en condiciones húmedas. El animal es muy a menudo menos pesado que la herramienta motorizada comparable. La ventaja del caballo en relación al tractor en la cuestión de la compactación es evidente: el tractor compacta cerca de las cepas y de las raíces cuando la separación entre las filas es pequeña (1,30 a 1,80 metros) mientras que el caballo tiene menos impacto y camina más en medio, entre las hileras.
- La disponibilidad y el precio de la fuente de energía, ya sea gasoil o gasolina, provenientes del petróleo bruto, son también elementos que pesarán cada vez más. En los países donde no existen ayudas gubernamentales para aliviar el coste, los tractores tienen menos arrogancia, es decir que sólo se utilizan parsimoniosamente, por lo que es esencial, trabajos para los cuales son difíciles de sustituir, como por ejemplo cuando hay mucha potencia para acoplar herramientas como la pala cargadora u otras que necesitan toma de fuerza.
Estas razones deberían ser suficientes para engendrar un amplio movimiento hacia una nueva utilización de la energía animal. Sin embargo, es posible que esto no avance tan rápido, principalmente por razones culturales arriba ya mencionadas, pero también debido a la pérdida de conocimientos y técnicas, de formación insuficiente, de falta de disponibilidad de animales de trabajo.

Un poco de contexto histórico y cultural
La presencia masiva de caballos en la ciudad se remonta a un pasado bastante lejano. Fue a finales del siglo XIX cuando los caballos lograron su efectivo máximo a las ciudades, en París en particular, donde tiraban del ómnibus y los tranvías. Estables inmensos se encontraban en medio de París y contaban con varios miles de caballos. Antiguamente, es decir antes de 1950, el caballo de trabajo era omnipresente en el campo para todos los trabajos agrícolas y para los transportes de proximidad. Hoy en día es todavía la situación que prevalece en Rumanía, y en menor medida a Bulgaria y Polonia. Estos tres países cuentan ellos solos con más de un millón de caballos de trabajo.
En Europa occidental, que era hasta hace poco como los países mencionados del Este, la evolución ha sido considerable, pero la utilización del caballo de trabajo no ha desaparecido nunca completamente. Actualmente, en toda Europa hay aproximadamente un millón de caballos que trabajan pero sólo un 1% de estos se encuentran en Europa del Oeste. En Francia hay unos 40.000 caballos de diez razas de tiro reconocidas, pero entre este efectivo menos de un millar trabaja realmente.
La situación en Europa es pues muy contrastada. La ventaja en un país como Francia, es que los usuarios de hoy en día han tenido que mostrar una inmensa voluntad para encontrar la manera de vivir con y gracias a sus animales de trabajo. Han aprendido de los antepasados según el modo de transmisión tradicional. También han podido tener más intercambios, encuentros entre regiones a veces alejadas, lo que se hacía menos antes. Han tenido que perfeccionar su técnica, la doma, la selección de animales aptos al trabajo con apellidos que tenían buenas referencias.
Cuando todos los agricultores estaban obligados a trabajar con caballos, vacas o toros, según la región y las costumbres, algunos dominaban bien la conducción de sus animales y las técnicas de trabajo asociadas, y otros sufrían, no trabajaban a gusto ni eran eficaces. También podían haber malos tratos, brutalidad hacia los animales por falta de aprendizaje, falta de conocimiento o poca satisfacción con el trabajo realizado.
Actualmente, es un triunfo importante disponer de un vivero de profesionales que han construido y mantenido un saber hacer contra vientos y mareas. Este saber hacer se ha beneficiado al mismo tiempo de un cruce con las disciplinas ecuestres y hoy en día caballos de tiro hacen espectáculos o tiro de competición, lo que no era su vocación inicial.
Finalmente, este caballo de trabajo también se ha adaptado para sobrevivir. Hay una profunda connivencia entre el domador y el caballo para realizar un espectáculo, pero esta connivencia puede sin embargo existir de manera menos “espectacular” con el caballo agrícola. Y lo mismo caballo es capaz de hacer las dos tareas.
Los retos a superar
La desaparición del caballo de trabajo del corazón de las ciudades, que fue muy anterior a su desaparición del campo, ha contribuido en nuestro imaginario colectivo a asociarse a una situación de retraso cultural, de atraso. Es un pecado capital u original que pesa sobre las posibilidades de futuro. Aunque la presencia ocasional y excepcional de un caballo en la ciudad suscita una atracción, este juicio queda presente en el trasfondo: el que usa un caballo de trabajo es aquel que no ha podido o no ha sabido evolucionar, el que ha quedado prisionero y tributario de una manera de hacer ineficaz y pasada. Estoy convencido de que la técnica y la innovación no tendrán ningún problema para desarrollarse en el momento en que esta barrera cultural haya caído. Es una especie de paso previo, de pasaje obligado.
Y aún otro freno: la potencia del caballo es limitada. Este límite topa con nuestros hábitos – ligados a la energía fósil barata – de solucionar los problemas aumentando la potencia. Un duro “retorno al pasado” en perspectiva pero inevitable a largo plazo. ¿Cómo podría adaptarse nuestra cultura a estas nuevas limitaciones que estamos muy poco preparados para pensar y mucho menos a integrar?
Otro aspecto a considerar es el bienestar animal. La cuestión de la relación caballo / sociedad moderna apenas aflora, pero hay aquí una apuesta mayor. Nuestra sociedad está preparada para aceptar la introducción masiva de animales de trabajo dentro de su cotidianidad con lo que ello supone de relaciones a restablecer, de la adquisición de nuevas maneras de ser, de desplazarse, de producir e intercambiar ? Los riesgos de bloqueo son numerosos; riesgos ligados por ejemplo la explotación mediática de accidentes de circulación en la ciudad con caballos implicados que podrían ser heridos, que nos veríamos obligados a sacrificar …; riesgos ligados a una pérdida de comprensión de que es un animal de trabajo: no un animal de compañía pero sí un auxiliar, con el que puede haber una connivencia, un placer de trabajar juntos, siempre guardando una cierta distancia, hecha de respeto mutuo, y con una comprensión mínima de los códigos de comunicación; también riesgos ligados al miedo porque el caballo de tiro es grande, imponiendo, incluso impresionante y no sabemos cómo comportarnos: me atacará? me morderá o me pisará?
No estamos protegidos de un posible rechazo de las nuevas relaciones con el animal que, la mayoría de nosotros, tenemos que redescubrir completamente y este es el reto más importante: recrear un vínculo entre los animales de trabajo y la sociedad en su conjunto . Los animales son auxiliares, no esclavos. Los caballos necesitan ejercicio para estar bien, y los hombres y los caballos tienen un pasado milenario de colaboración. El caballo aprecia la presencia y la proximidad de los humanos. Es un animal sociable. Vive en grupo al estado salvaje pero también al estado doméstico. Solo en un box, se aburre. Le gusta trabajar, y por poco que aquella o aquel que el tipo sepa comprenderlo estar atento, es capaz de hacer esfuerzos importantes y sostenidos, con una gran atención en lo que hace. El reto es pues conseguir hacer sentir y comprender la posibilidad de esta connivencia, de volver a aprender a vivir juntos de manera nuevamente visible, de volver su presencia otra vez normal y bien aceptada.

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