martes, 15 de enero de 2013

Los caballos

El caballo reúne numerosas cualidades que nos ayudan en la terapia, reacciona frente a nuestras emociones y es así como se convierte en el espejo de nuestra alma.
La Terapia Asistida con Caballos pone en relación el cuerpo del sujeto, el del terapeuta y el del caballo. El lenguaje del cuerpo es el que primero se emplea en el desarrollo psicomotor y afectivo, su utilización nos lleva  a fases relacionales precoces constructivas de la personalidad.
El caballo en su naturaleza reconoce las más mínimas señales, es indispensable para su supervivencia, por esto en ellos podemos vernos a nosotros mismos; nos permite tomar conciencia de nuestros estados, sean de miedo, de rabia, de tristeza, de apatía o de alegría.
El caballo es un animal presa. Su principal prioridad es sobrevivir, y su principal medio de protección contra los depredadores es la huida. Su físico, su comportamiento y su estilo natural de vida están completamente adaptados a este fin, y esto tiene consecuencias fundamentales de comportamiento cuando lo introducimos en el mundo de los humanos y le pedimos que trabaje con nosotros.
Cualquier equino doméstico tiene todavía dentro de sí un animal instintivo, aunque hoy su vida esté muy alejada de sus antepasados salvajes.
Su capacidad de aprendizaje es netamente superior a la del hombre porque debe adaptarse rápidamente al entorno, contrariamente al ser humano que adapta el entorno a su persona. Como dijo Einstein “la inteligencia es la capacidad de adaptarse a situaciones cambiantes”. El caballo es capaz de aprender muy rápidamente nuevos tipos de comportamiento mientras que nosotros, los seres humanos, cuando efectuamos cambios, lo hacemos paulatina y difícilmente. Un caballo que ha sido maltratado y lleva quince años mordiendo o pegando patadas, es capaz, en un solo día, de cambiar radicalmente de comportamiento.
 Comprender que no existe un único tipo de inteligencia nos puede ayudar a tener un mayor respeto hacia nuestros compañeros de planeta a los que llamamos animales.
El caballo tiene una memoria excelente y a menudo aprende en un solo intento.
El lenguaje corporal es el método de comunicación primario de los caballos. Puede variar desde obvio y fuerte (orejas apuntadas, cabeza alta, cola levantada) a casi imperceptible, como un susurro (una mirada, el movimiento de un músculo)
Una manada de cebras puede no huir frente a la presencia de una leona si estas detectan que la leona no tiene intención de atacar, y seguir caminando en la misma dirección que ella. La leona emana despreocupación y la manada lo percibe.
 Los caballos son capaces de interpretar nuestro propio lenguaje corporal y tensión muscular de manera increíblemente precisa.
Un ejemplo  de ello está en la conocida historia del caballo Hans el listo. El propietario de Hans, Wilhelm von Osten, aparentemente lo entrenó para realizar cálculos matemáticos y para contar la respuesta con manotazos sobre el suelo, pero al final quedó claro que el caballo en realidad estaba “leyendo” los mínimos cambios de actitud y tensión muscular de las personas a su alrededor a medida que se acercaba a la respuesta correcta. Von  Osten mismo se creyó completamente desacreditado, pero ni él ni sus críticos se dieron cuenta de los más importante: si el caballo es capaz de percibir señales corporales tan diminutas con tanta precisión ¿Cuan sutil puede ser la comunicación entre humano y caballo?

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